Enfoque Deportes .- 11/09/25 .- Son mil o miles de historias que regresan a la memoria este 11 de septiembre en el recuerdo de uno de los sucesos más dantescos en la historia moderna dejando heridas que no pueden cerrar, aprendiendo a vivir con ellas, pero jamás dejando en el olvido.
La mañana del 11 de septiembre se encontraba en la urbe de hierro el nadador australiano Ian Thorpe, entonces la gran estrella deportiva de los recientes Juegos Olímpicos del 2000 celebrados en Sydney. El nuevo tritón multimedallista asistía a Nueva York para recibir uno de los tantos reconocimientos que le entregaban constantemente en cualquier parte del mundo por esos logros en las piscinas y que justo se daría en el marco de un desfile de modas de Giorgio Armani.
Aprovechando la visita a Nueva York se tenía que ir al lugar que aseguraban era obligada asistencia y era nada menos que el espectacular mirador en una de las torres gemelas con una vista privilegiada, sin embargo, a punto de subir para comprobar la recomendación, Thorpe, en la plata baja del edificio se giró para salvar la vida.
El nadador de 18 años tocaba su bolsillo, pero no encontraba su cámara fotográfica. En aquel entonces los celulares ya abarcaban a buena parte de la población, por lo menos de primer mundo, pero el desarrollo tecnológico no alcanzaba para llevar una cámara integrada en el teléfono.
Le llamo a su representante que se encontraba en el hotel a solo unas pocas cuadras para avisar que iba por su cámara pretendiendo regresar a Australia con el recuerdo. Al llegar al hotel y prender el televisor se dio cuente que en ese lapso de 15 minutos se había estrellado un avión del atentado a la primera torre. se suponía que Ian tenía que estar ahí. Lo demás fue llanto de haberse visto salvado y de inmediato fue uno de los miles de donadores de sangre que se fueron al hospital ante la espera de miles de sobrevivientes.
FEG









